domingo, 8 de febrero de 2026

Los dioses las prefieren castas y puras (fragmento 5) - Luis Viadel Cela

 


Los descubrimientos no terminaban ahí. Ese punto que frotaba con los dedos y producía tanto placer se llamaba clítoris y por coincidencias de la vida, también prepucio como el de los hombres. He constatado que llamarle “botón del amor” no es siempre demasiado acertado cuando algunas mujeres, y no por ello menos excitante, lo tienen tan desarrollado como la colita del niño Jesús. Mi Chupaflor era una de estas. A hurtadillas me colé en su celda muy avanzada la noche. Estaba triste por mi marcha y tuve que consolarla asegurándole que nos volveríamos a ver. Más que una premonición era un deseo y lo que necesitaba oír en aquel momento. Fue la única vez que nos quedamos desnudas completamente las dos. Con la luna iluminando la estancia pude saborearle sus pechos generosos.Demasiado grandes, redondos y llenos para una monja. Le cubrí cada centímetro de su piel con saliva. Cuando llegué al pubis le mordí con fuerza en el montículo y gimió de placer.

Los dioses las prefieren castas y puras (fragmento 4) - Luis Viadel Cela

 


Necesitaba que la fantasía acabase bien, es decir, que después de tantos avatares consiguiese correrme. Solo pensaba conmigo y estaba cada vez más ansiosa, consciente de que el espectacular cambio debía producirlo yo misma, en aquel momento, pero no sabía como. Incluso llegué a pensar si rezando alguna jaculatoria saldría airosa del aprieto. No recuerdo a que santo o santa invoqué cuando, de golpe, me encontré poseída engullendo aquel órgano que me resultaba familiar. Quid pro quo el sacerdote había ocupado el sitio del médico en mi fantasía, lo que no era habitual, y al instante estallaba como un volcán que me enguachinaba el estómago con su ardiente lava. Simultáneamente me llegó el sofocón acompañado de fuertes sacudidas y espasmos lo que me hizo excretar una mezcla de flujo blanco y orín que me resbalaba por las piernas.

Los dioses las prefieren castas y puras (fragmento 3) . Luis Viadel Cela

 


Don Zacarías, conservador hasta con el nombre, resultaba ser un blanco perfecto de virus y bacterias, que le impedían el ejercicio de sus funciones con cierta frecuencia. Su hijo, el doctor De Castro, hacía de suplente. Ni que decir tiene que muchas de las hermanas empezaron a tener achaques con la justa asiduidad para que no se les viese el plumero. Las consultas siempre se realizaban con la Madre Superiora delante, sentada en un sillón de madera con apoyabrazos y todas parecíamos menos enfermas cuando descubríamos que en ese preciso día no era el hijo sino el padre quien nos visitaba. Las tocas revoloteaban al viento y oscilaban las caderas, aunque no se apreciase, si don Fermín rellenaba las recetas. Había como un pequeño alboroto en el enjambre.

Los dioses las prefieren castas y puras (fragmento 2) - Luis Viadel Cela



A pesar de esta experiencia mis fantasías sexuales casi nunca se relacionaban con mi confesor sino con esos ángeles de largas túnicas blancas, hermosas cabelleras rubias, ojos azules y rostros barbilampiños. Eran delicados, etéreos, dulces y cariñosos. Seres capaces de transportarte al Séptimo Cielo en esas visiones que no necesariamente se producían durante el sueño. A veces las tenía en la Iglesia, en el refectorio o paseando por el claustro. También en la celda. Siempre había dos partes; la primera muy traumática cuando, tras muchos esfuerzos, descubría que ese ente translúcido no poseía órganos reproductores. No es que fuese hermafrodita, carecía de todo, ni tan siquiera tenía senos. La segunda era mucho más gratificante cuando desplegando sus enormes alas hincaba el rostro entre mis muslos mientras, flotando en el aire sin dejar de aletear, insuflaba en mi tesoro una cálida brisa de agua de rosas que emanaba de su aliento y se mezclaba con la ambrosía de su saliva y mi sexo nectarino. Apasionante sería la palabra adecuada. Por una serie de razones que iré desvelando, intimé con la Chupacirios que aún siendo un mote peyorativo no tenía connotaciones sexuales.

Los dioses las prefieren castas y puras (fragmento 1) - Luis Viadel Cela

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