Si
aceptamos que la actualidad es una época caracterizada por la caída del nombre
del padre, por la caída de los ideales de antaño, debemos admitir que la
sociedad y los sujetos que la habitamos hemos transitado y transitamos por un
revoltoso proceso de modificaciones respecto a los lazos sociales,
constituyéndonos como observadores y partícipes de los nuevos de gozar. Nuevos
modos de gozar que afectan el uso distintivo que se hace del cuerpo. Si hay un
rasgo, entre otros, que caracteriza el siglo XXI, es la universalización del
derecho al goce, derecho inalienable que al afectar el uso que se hace del
cuerpo, nos sitúa en un tiempo en el que se ponen de manifiesto nuevos
paradigmas culturales.
