Un programa del canal de televisión Artey varios libros devuelven al
primer plano el culto a las nalgas del canal cultural Arte
Que en Francia se
evite pudorosamente la palabra culo –y se prefiera
hablar de fesses, nalgas– no significa que esta sulfurosa parte del cuerpo
humano, más humana que cualquier otra, no ejerza una inconfesada fascinación
entre los franceses. A fin de cuentas, ¿no fueron ellos quienes popularizaron
en el siglo XVIII los cul-postiches, los culos postizos, ese
armazón con el que las mujeres, previamente embutidas en el corsé, paseaban
unas prominentes posaderas? ¿No fue acaso una francesa, Brigitte Bardot, la que
escandalizó en 1963 a toda Europa –es decir, toda la que pudo ver la película
de El desprecio– al pronunciar la ya célebre frase: Et mes fesses, tu aimes mes fesses?

