domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Cómo masajear el pene con la vagina? - elplaceresvuestro.com


La mayoría de las veces que pensamos en estimular el pene, nos vamos directamente hacia la mano para darle una maravillosa masturbación. Estupendo. Pero a partir de hoy puedes hacerlo también con tu vagina. ¿Lista para hacer que su pareja, amigo o amante se acurruque en el regazo de la gloria? La vagina no solo es un genital receptor de las embestidas de penes erectos, toqueteos y lengüetazos . Nuestras vaginas no son seres inertes, al menos no deberíamos permitir que lo sean. Te animo a que te vanaglories de las mil y una maniobras que tu vagina puede hacer por el pene deseado. Por ejemplo, masajearlo de una manera deliciosa durante la penetración.


Sí, has oído bien. No te hagas la despistada y prepara tu vagina para una hazaña sexual muy sencilla pero inusitadamente practicada. Aunque por ahora no puede salvar el mundo, lo que sí puede hacer su vagina es recorrer a base de contracciones el miembro viril. Veamos cómo.

Todo depende de la fuerza de su suelo pélvico, de toda la musculatura vaginal. Que le quede claro que la falta de actividad vaginal conlleva signos de atrofia en sus zonas íntimas. Aunque no nos lo enseñaron en la edad de la inocencia, es de imprescindible importancia mantener activa y ‘en forma’ nuestras respectivas vaginas. Dale vida y comiencen a entrenar desde ya. Bastará con que atienda las siguientes indicaciones:

1.  Contracciones vaginales, apretando a diferentes ritmos y velocidades como si quisiera contener la orina. Vamos, los ejercicios de aquel sabio doctor llamado Kegel para una vagina firme y fuerte. Sostener, respirar y soltar.

2.  Tienes todo el día para practicar: en la oficina, paseando, en el coche, en el autobús.

3.  Otra opción de entrenar es hacerse con unas bolas chinas (en realidad no son chinas, sino japonesas, qué le vamos a hacer). Mejor cómprala con cordón incorporado para poderlas extraer después con facilidad. Muy sencillo: lavar antes de utilizarlas, lubricarlas e introducirlas en  la vagina. Después levántate y anda, sin miedo. La bola, por gravedad, querrá salir de donde está y tu misión será sostener esa bola, elevarla y evitar que se te escurra entre las piernas.

4.  Este ejercicio, como toda actividad física, ha de realizarse de menos a  más. Máximo 10 minutos al día, no le vayas a coger el gusto a las bolitas y te tires con ellas todo el santo día.

¿Preparada? Para comenzar y hacer las cosas bien, tienes que relajarte. Y no te juzgues. Si lo haces, apaga y vámonos. Literalmente. Lo ideal para el  masaje vaginal es colocarse en una postura de poder en donde tengas todo el control del movimiento y muchísima libertad pélvica. Así que móntate sobre él como una amazona, que además a ellos les pone bastante. Lo realmente imprescindible es que tengas suficiente apertura en las piernas, porque con las piernas cerradas es más difícil mover los músculos pélvicos de manera interna.

Para evitar cualquier contratiempo, úntate lubricante en la vagina (o pidele a él que te lo unte), el que quieras. El motivo es que, en ocasiones, aunque los adentros de la vagina estén lo suficientemente húmedos, la entrada no lo está. En este sentido, si la vulva, que es la que corta el bacalao, no se percibe húmeda, habrá incomodidad para ambas partes. Una vez que sientas esta frescura y acuosidad, déjete penetrar. Asegúrate de que no se introduzca más de la mitad del pene. Y una vez penetrada, aprieta. Procura que las contracciones sean a diferentes ritmos y velocidades. Permite que tu pelvis se deslice un poco más para que la penetración sea todavía más profunda. Cuando esteis pelvis con pelvis, repita de nuevo el masaje.

En esta ocasión el hombre sólo tiene que dejarse querer por la vagina y sentir el pene dentro de ella, controlando su impulso de entrar y salir, manteniéndose prácticamente estático. Quieto, parado, perfectamente inmóvil. Tu tampoco cabalgues como una intrépida amazona, no todo va a ser que el pene entre y salga y nosotras movamos la pelvis al ritmo de reggaeton. En esta ocasión toca estar pegaditos, pelvis con pelvis. pechito con pechito, y ombligo con ombligo.

Fíjate que incluso existen mujeres que pueden ‘atrapar’ un pene en su vagina: en cuanto un pene las penetra, son capaces de presionarlo hasta la inmovilización. Pero ten cuidado, que no eres una boa constrictor. El pene es sensible a aspavientos exagerados, pero salvo que te pases de la raya, sentir estas contracciones en el pene es altamente erótico. A mayor presión, más placer. ¿No es así caballeros? Todos son ventajas, pues el masaje propicia una mejor erección del pene e incrementa considerablemente la cantidad de sangre que llega al pene. No sólo eso, puesto que igualmente revierte directamente en beneficios para tu salud física y sexual: fortalece la totalidad del suelo pélvico, evita incontinencia y dispareunia (dolor durante el coito), pero sobre todo te provee de una gran capacidad de controlar las embestidas del pene o la penetración, creando mayor flujo sanguíneo e incrementando considerablemente la capacidad de cada una para tener orgasmos.


A las maestras taoístas se las conoce por practicar como diosas este masaje que denominan “tocar la flauta” y que consiste en mover todos los anillos  vaginales como si estuvieran dando un masaje intermitente a todo el cuerpo del pene. Y tú también puede hacerlo.
Recuerda: Cuando tu pelvis y la de él estén completamente pegadas, comienza a trabajar los anillos vaginales (las porciones distintas de todo el cono de la vagina). El primer anillo que sentimos es el del vestíbulo vaginal, porque es el primero que se siente al realizar estas contracciones. Puedes comprobarlo tú misma introduciéndote un par de dedos bien lubricados. Verás que el primer anillo es el que más aprieta. El resto de los anillos requieren más entrenamiento. En definitiva, lo que hacen estas diosas de los anillos vaginales es básicamente recorrer el pene con la vagina. ¿Suena excitante no? Hay hasta doce anillos, pero nadie espera que mueva la docena de anillos la primera vez. Todo es cuestión de práctica.

Si os apetece, él puede estimular tu clítoris con la mano y justo en el momento que sienta el orgasmo galopando hacia ti, presiona o contrae, incluso echando o levantando ligeramente la cadera hacia adelante, y los dos comprobaréis que la sensación es doblemente intensa. Si tenéis suerte podeis llegar al summun del placer y al mismísimo Nirvana.


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