
"Las hazañas de un joven don Juan", de Apollinaire, es
una de las obras en las que el erotismo y la ironía se unen con más asombrosos
resultados. Maligno, lúbrico, casi demoniaco, Apollinaire juega con los
instintos del lector, calienta su imaginación y le hace dudar si en verdad es
erotismo lo que se le ofrece o es un infame juego de espejos deformantes que
pretende mostrar al lector desprevenido sus más ocultas perversiones.
Apollinaire nos cuenta la historia de Roger, el hijo de un matrimonio de la
alta burguesía francesa, que se marcha de vacaciones a su castillo en el campo,
con su madre, su tía y dos de sus hermanas; fornicará —salvo con su madre— con
todas las mujeres de su familia y con casi todas las del servicio. Por delante,
por detrás, por arriba y por abajo. “Las hazañas de un joven don Juan” es un
pequeño catálogo de perversiones y pecados; incluso viola el secreto de
confesión al escuchar las revelaciones íntimas que todas las mujeres del
castillo hacen al cura, incluyendo la confesión de las perversiones sexuales de
su padre, que le complacen extremadamente. Hay sodomía, felaciones,
homosexualidad entre mujeres, estupro, incesto, lamidas de ano, olores de
excrementos que le excitan... Es todo un inventario de depravaciones que más
bien parece escrito para ironizar sobre la literatura pornográfica y sobre los
vicios de la sociedad francesa