Mar Sánchez
...Y
tras las horas en que nos habíamos devorado sin un resquicio de compasión,
llegaba la hora de la despedida, tú sabías tal como yo, que llegada la mañana,
yo seguiría mi vida y tú la tuya... ¿hasta dónde podríamos llegar así?...
...Y
aún mientras dormías, respirabas como si mi aire te alimentara, aspirando mi
olor, mezclado entre perfume, sexo y sudor... yo desperté con tu brazo
rodeándome las caderas... y el tiempo me pedía cautela, el silencio me
imploraba dejarte... te observé, tus gestos, tus párpados cerrados como los de
un niño exhausto de jugar, tus labios aún palpitantes, acusadores, tersos,
dulces, carnosos, humedecidos de mí... regalándome la satisfacción de saberlos
míos, de saber de la pasión que encierran...














